Ser protector de animales es una tarea titánica

Luego de ser abandonada en una caja, Yanelys la salvó y le dio la oportunidad de ser adoptada.

Por Cynthia de la Cantera Toranzo

Ese día apareció una perrita en los bajos del edificio de Yanelys, en el reparto habanero de Nuevo Vedado. La perra, que después se llamaría Julieta, seguramente buscaba un sitio seguro donde tener a sus cachorros, quienes nacerían al día siguiente. A los dos primeros los tuvo en el parqueo, pero, como los parqueadores no querían una perra pariendo allí, Yanelys agarró a Julieta en medio de su labor de parto, más los dos recién nacidos, y, con ayuda de una vecina, los subió hasta su casa para que pudiera tener a su camada tranquila.

Yanelys les aseguró a sus padres que Julieta estaría en la casa solo por 45 días, para que se recuperara. Y estuvo 4 años, hasta que falleció. El último de los cachorros que entregó en adopción, Chapín, aún vive con ella, 12 años después, luego de rescatarlo de las propias personas que prometieron cuidar de él y que no hicieron más que atarle una soga al cuello y ofrecerle una comida pésima. 

Yanelys Cabrera Acosta tiene 38 años y ha sido protectora independiente, a su manera, durante más de 10. Como muchos protectores que no cuentan con espacio suficiente para acoger a los animales en casa, Yanelys atiende a los perros callejeros que viven en el parqueo de su edificio, a los que ve llegar los nombra, alimenta, cura, cuida, ama. 

Otro rescatado luego de ser atropellado en Boyeros.

“Yo empecé muy joven, haciendo protección a mi manera —cuenta en una entrevista a través de WhatsApp. No tenía hijos todavía y decían: ‘eso es porque no ha parido; seguro no puede parir, por eso tiene tanto lío con los animales’. Cosas realmente muy feas. Yo nunca entendía qué tienen que ver, en este sentido, los animales con los hijos. Llegué a preocuparme: ¿y si cuando tuviera a mi hijo no los podría atender más? Y resulta que no fue así. Mi niño tiene 7 años y creo que ahora estoy peor: recojo más animales que antes”, dice. Por eso Marlon dice que su mamá salva animales.

“Él es casi o igual que yo —dice Yanelys y agrega un emoji de lado con una carita muerta de risa en nuestra conversación—. Desde pequeño nos dedicamos a enseñarle lo valiosos que son los animales y los cuidados que deben tener. Una vez, cuando tenía 4 años, lo vimos regañando a un amiguito que le había tirado una piedra a un gato”. Marlon, a veces, acompaña a su madre a alimentar a los callejeros “emplantillados” de los bajos del edificio. Se encarga también de Lola, la última rescatada de la casa, que llegó hace 8 meses. 

Aunque era un perro de raza, sus dueños no lo atendían y Yanelys gestionó su adopción definitiva.

De esos emplantillados Yanelys tuvo cuatro una vez, hace como 10 años. La Negra, el Kiri, Congo y Birichichi, que también vivían en el parqueo. Un día pasó el carro de Zoonosis y se los llevó. La institución había recibido una llamada anónima de un vecino. Yanelys no se enteró en el momento y para cuando llegó a casa ya era tarde. 

“La pasé fatal porque no era como ahora, que hay grupos, que las personas se comunican. Estaba muy atormentada tratando de localizar el número de teléfono de Zoonosis. Cuando logré llamar, di las características de ellos, pero me respondieron que no sabían nada, que eso estaba lleno de perros ahí. Un vecino me dijo que le diera la gasolina, que él me llevaba a Zoonosis, y para allá fuimos al otro día. Fuimos rezando para que estuvieran allí, para que no los hubieran matado. Y ahí estaban los 4. Fue la primera vez que me enfrenté a Zoonosis”.

Cuando iban entrando al parqueo del edificio Yanelys le dijo a su vecino que sonara el claxon bien fuerte y seguido. “La gente salió a los balcones, pensando que era una boda”, recuerda. Ella, aún desde dentro del carro, gritaba: “¡Los perros están de vuelta! ¡El que quiera que vuelva a llamar a Zoonosis, que yo los vuelvo a buscar!”. La Negra, el Kiri, Congo y Birichichi murieron, años más tarde, ya de viejitos, bajo el cuidado de Yanelys.

Hace 12 años lo rescató de una familia que lo maltrataba y lo adoptó.

Logró rescatarlos de las jaulas, pero admite que esa fue la experiencia más negra que ha tenido. Yanelys no sabía las condiciones en las que se encontraban los perros en Zoonosis: hacinados, con las jaulas llenas de agua putrefacta, pestilente. “Los perros te miran con una carita que es muy triste no poder llevártelos todos”, dice. 

En esta tarea de proteger a los más vulnerables, Yanelys advierte sobre el enfrentamiento con los vecinos: “Hay que tomar parte, tocarles la puerta y decirles unas cuantas cosas. He tenido que llamarles la atención a personas mayores porque los maltratan. Los he confrontado, pero, bueno, a mí no me interesa, porque yo siempre voy a defenderlos a ellos”. 

“Ahora cada día se va ganando más conciencia por el hecho mismo de que las redes sociales influyen muchísimo. Los mensajes que se transmiten ayudan a concientizar. Las personas ya lo ven de otra manera, porque la cultura que había sobre eso, te estoy hablando de hace muchos años atrás, era otra. Y se ha ganado conciencia sobre lo que es el cuidado y la tenencia responsable de los animales. 

Hubiera sido mejor, por supuesto, si la televisión hubiese apoyado —dice refiriéndose a la televisión cubana, que es pública y estatal—. Todo mensaje positivo que llegue a cada casa es bien importante”, señala. 

Al día de hoy, Yanelys forma parte del grupo Hope for Cuban Paws, aunque admite que trabaja con todo el que lo necesite. El grupo se encarga, principalmente, de hacer recaudaciones para los protectores y los refugios, de gestionar adopciones y hogares de tránsito, y de asistir y asumir los costos veterinarios de los animales que necesitan cirugías.

Desde hace unos meses creó, además, un grupo en Facebook: “Mi antes y después, donde los miembros publican sus historias de mascotas rescatadas, comparten las fotos del estado en que los recogieron y las fotos actuales, un ejercicio comparativo que demuestra que cuando queremos, podemos, como mismo dice Yanelys”.

“Se ven unos logros increíbles; eso ayuda mucho, tanto a los protectores como a las personas que están más ajenas. Ayuda a ver que siempre es posible hacer algo por ellos, aun cuando creemos que no tienen solución o cuando nos dicen que tenemos que sacrificarlos”. 

Empeño, dedicación, perseverancia y, sobre todo, mucho amor es lo que responde Yanelys cuando le pregunto qué debe tener un buen protector. 

“Es una tarea titánica, por la mayoría de las situaciones que vemos a diario, por las mismas situaciones que atraviesa el país. El transporte para los perros, las clínicas, la comida, todo es muy difícil de sobrellevar. Por eso es meritoria, en verdad, esta tarea”.

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